
El sábado 25 de octubre estuve en la boda de Cristina, hija de mi prima Marí Carmen Valls, en Santander. En la comida me pusieron en la mesa con mi hermana Pachi y su marido, Mariano, también: mi primo Joaquín, mi tío José y su mujer Ana María, mi tía Consuelo Bohorquez, de Sevilla, y tres personas que no conocía (eran de la familia del novio). Durante la comida me contó mi tía Consuelo que la familia de mi padre tenían un gato, llamado "El pirracas", en la casa de la calle del Pez.
Al tener que huir de Madrid de la persecución religiosa que se estaba realizando, mi padre y algunos de sus hermanos consiguieron protección de la embajada británica, y se fueron de Madrid a Valencia. Allí se embarcaron para Marsella, desde donde se dirigieron a Hendaya. Entraron a España por Irún, y marcharon a Sevilla, donde les dio refugió el tio Paco Bohorquez, auditor del General Queipo de Llanos. Desde Madrid mi abuela oía las intervenciones de Queipo en radio Sevilla, esperando recibir noticias de sus hijos. Una noche el general Queipo dijo: la familia pirracas ha llegado a Sevilla. Era la clave para saber que sus hijos estaban a salvo. ¡Gracias a Dios!, y gracias a mi tío Paco que recibió a mi padre, y gracias a Queipo que ayudó a mi familia.
No quiero dejar de recordar que mi abuela Paz, viuda joven con 8 hijos, fue metida en la cárcel por el delito de ir a misa, y ser cristiana. Salió de la prisión milagrosamente, no así mi tío Joaquín que desapareció en una cárcel de aquellos desalmados. Desde el cielo nos ayudará a conservar nuestra fe y nuestra vida cristiana.