Recordar es aprender

Nuestros mayores nos han dejado una bonita herencia: su fe cristiana y sus valores humanos.

miércoles, 27 de agosto de 2008

mi familia


Mi padre y mi madre eran de Madrid. Los dos profundamente madrileños, y en esa ciudad vivieron toda su vida. Mi padre había nacido el 4 de septiembre de 1920, hijo de Fernando, ingeniero militar, y Paz, ama de casa con una gran cultura, muy superior a la gente de su época. Recuerdo muy bien a mi abuela Paz, que tuvo 8 hijos, y se quedó viuda muy joven. Cuando yo la conocí vivia en la calle del Royo, enfrente del ayuntamiento de Madrid. Mi abuela escribia libros y poesías. Recuerdo que encontré un libro suyo, a través de internet, en una libreria de Buenos Aires. Ella no había salido de Europa, pero alguién se había llevado su libro a la Argentina.
Mi abuelo Fernando, al que yo no conocí, había nacido en San Juan de Puerto Rico, cuando esta isla del Caribe formaba parte de España. Se preparó para las oposiciones de entrada en el ejercito, y fue número uno del arma de ingenieros, promoción a la que pertenecíeron ilustres militares, cuyo nombre no recuerdo ahora.

mi familia


Mi padre y mi madre se conocieron en la guerra civil española: las dos familias (Uriol y Batuecas) tuvieron que huir de Madrid, aunque no todos pudieron salir de esta ciudad. Coincidieron en un barco (creo que de la Cruz Roja) que llevaba gente de Valencia a Marsella. Recuerdo que una vez me comentó mi tía Carmen, que recordaban a mi madre como aquella chica tan guapa que habían conocido en el barco. No sé la edad que tenían entonces mi padre y mi madre -los dos habían nacido en el 1920-, pero deberían tener unos 17 años en 1937. Se casaron el año 1949 y yo fui su primer hijo, el primogénito, que nací el 7 de octubre de 1950.
Alguna vez le pregunté a mi padre sobre aquella época y no quiso contarme nada. Su infancia fue muy dura: murió su padre cuando él tenía 9 años -no estoy seguro-, y fue llevado a un colegio interno para huerfanos de militares. Creo que allí lo pasó muy mal. Cuando acabo el bachillerato, empezó a prepararse para el ingreso en la escuela de Caminos, y estalló la guerra. Tuvo que interrumpir su preparación, y vivió todas las penalidades de la guerra: primero en Madrid, y luego en el ejercito de Franco, del que fue soldado voluntario y alférez profesional. Al llegar a Marsella en el barco que les trasladó desde Valencia, se fueron a Hendaya, no sé en que medio. Tendría que hablar con el hermano de mi padre que queda vivo para informarme sobre este punto. Mi madre pasó el resto de la guerra en San Sebastián, para volver a Madrid al final de la contienda.